No quiso echarse hasta ver Ensenada
18 junio, 2018 | por Javier Orozco

Empiezo el escrito del día de hoy pidiendo una disculpa por las semanas en las que no ha habido aportación pero los escritores invitados quienes se suponía que iban a intervenir han estado un poco, o un mucho, fallos con sus entregas así que mientras tanto ponemos esta que tenía guardada en el tintero para presentar posteriormente.

 

Uso el poco original título del blog de hoy para hacer una declaración desde mi muy particular punto de vista de lo que son Ensenada, sus valles y sus vinos. Ni puedo ni quiero esconder la mano después de tirar la pedrada de criticar los vinos de la región por sobrevalorados o por faltos de consistencia en su calidad, al tema de la sal no me quiero meter así que mejor no voy a hablar y lo dejaré como que es una característica y listo.

 

Eso por un lado, pero por el otro, tal y como lo intenté hacer en la entrada de Chile, ”Lo que es, es” en donde rescataba el papel tan importante que tienen los vinos de ese país en la historia reciente de consumo de vino en México, independientemente de su realidad actual en el sector restaurantero al que estamos principalmente enfocados, o en el blog de Castilla La Mancha en el que primero mencioné términos como volumen o precios bajos para posteriormente  declarar mi amor y admiración por todos aquellos empresarios bodegueros que están trabajando día a día con mucho éxito para levantar la calidad e imagen de sus productos vinícolas. Aquí quiero abrir un pequeño paréntesis ya que ahora que revisaba el escrito en cuestión me doy cuenta de que les contaba de mis guiños con dos bodegas de la zona y les decía que eran dos pero que con una quería mucho más que con la otra, bueno pues ayer me llegó un correo  en donde todo parece indicar que, salvo una tragedia, ya se armó con la más chida.

 

 

Pues justo lo que decía de Castilla La Mancha lo pienso de Ensenada y sus valles, es una región en la que cada vez más está más claro el interés de sus participantes por mejorar e invertir en todo: en equipo, tecnología, procesos, viñedo, etc.

Podemos ver cómo cada día hay nuevos integrantes, nacionales o extranjeros, y cada uno tiene un papel muy importante en la mencionada evolución regional. Eso sin mencionar a todos aquellos que estaban desde antes, cada uno desde su trinchera empezó a forjar este fascinante mundo actual que es el vinícola y  gastronómico de Ensenada. Este segundo punto de la gastronomía lo voy a tener que dejar para otra ocasión porque hay demasiada tela de donde cortar.

 

El escrito poco a poco se acerca a su fin y no quiero dejar de mencionar -pero más que nada agradecer- a todas  aquellas personas de la zona con las que ha habido algún tipo de colaboración con nuestros distintos proyectos, desde Hugo D Acosta, indiscutible líder moral con quien curiosamente hemos compartido proyectos en otras regiones como Crucigrama en Aguascalientes y Las Mesitas en Oaxaca y nunca nada en Ensenada. A todos aquellos que han estado atrás de Plástica Mexicana como el master chileno enamorado de la Nebbiolo en México, Jose Durand, a Mirentxu Ptanick y su entrañable padre Alvaro, gran estudioso del entorno regional y autor de mi adoptada frase: “Mochis tres, Culiacán cuatro”. Tenemos también a Lui Hussong y Pau Pijoan como históricos detrás de  la marca y, por último, a mi muy  querida amiga Yoli Martain y su marido Fer, de Cavas Valmar con quienes tenemos desde hace muchos años el proyecto en conjunto de nuestra marca OM, aunque ahorita en stand by, estamos viendo si nos animamos a relanzarla ahora como blanco, ya se enterarán si lo hacemos o no.

Como pueden ver, salvo el nombre de la ciudad, el título no tiene nada que ver con el escrito, pero no importa a mí me gusta mucho la frase y las canciones de José Alfredo.