Castilla La Mancha
16 marzo, 2018 | por Javier Orozco

Como ya lo habrán notado, más que escritos aislados, casi todas las entradas por mi parte han sido una serie de documentos conectados unos con otros, a veces de una manera y a veces de otra y que poco a poco se han ido trenzando como una sola y única historia que es lo que al final de cuentas es todo esto.

Como si fuera serie de Netflix, para la entrega del día de hoy reaparece un personaje que no veíamos desde los primeros capítulos. Se trata de Sonia Castro, a quien mencioné en mi segunda entrada de las Rías Baixas, mi jefa en Bodegas Martin Codax y a quien pasados muchos años sigo identificando como personaje clave para que yo esté en este mundo. Reaparece por el hecho de que la siguiente bodega para la que colaboró era una bodega de la D.O. Valdepeñas en Castilla La Mancha y, obviamente, por la cordial relación que había con ella, literalmente le compré sin probar… No me arrepiento, los vinos estaban bien, solamente que a día de hoy no volvería a comprar de esa manera jamás, porque además fueron muchas etiquetas, incluidos vinos rosados, que si ahora son difíciles de vender, imagínense en el 2002.

 

Pero bueno, ahí empezó mi pequeña y peculiar historia con Castilla La Mancha, ni más ni menos que la mayor extensión de viñedo en el mundo, con todo lo que esto implica. Obviamente, lo primero que quiere decir es que hay demasiado volumen, ¿y eso qué significa? Adivinaron: vinos a precios increíblemente económicos, ¿y por fuerza corresponden en calidad? Volvieron a adivinar: no, no por fuerza, de hecho la mayoría de las veces no lo hacen.

Entre el precio y la cercanía, se sobreentiende que la ciudad de Madrid esté tapizada con vinos de esta comunidad autónoma, en donde los gigantescos tanques de fermentación al descubierto que parecen llegar al cielo nos recuerdan a los molinos de viento de la literatura que se encuentran en esa misma región. Siguiendo mi historia con la región, me remonto a la entrada en donde rendía mi pequeño homenaje a don Nacho Bustamante y su Abarrotera Vallarta, quien fue por muchos años importadora de la gigantesca bodega Cosecheros Abastecedores y sus emblemáticas etiquetas Pata Negra, Señorío de los Llanos y Castillo de Grayskull, perdón de Gredos, y de quien estuve muy cerca de asociarme para seguir por esa ruta mi tránsito por el camino del vino.

 

Viñedo en Castilla La Mancha, en España.

Para aquellos que lo están pensando les digo que nunca voy a hacer una entrada de ataque a una denominación, bodega o persona, por lo que lo escrito hasta este momento es simplemente para poner una referencia o antecedente. A lo que realmente quiero llegar es que en esa región cada vez hay más gente visionaria y emprendedora que quiere hacer cosas distintas: sacar a sus vinos del costal del volumen y posicionar sus bodegas en la élite de la viticultura española. En este momento se me ocurre aquel muy interesante Petit Verdot de Bodegas Yllana de la D.O. Ribera del Júcar que mandamos como selección el pasado noviembre.

Para terminar, les tengo que confesar que actualmente estoy haciendo guiños para traer la importación de dos muy interesantes bodegas regionales que decidieron renunciar a la “protección” que en un momento dado puede significar una denominación de origen y pasaron a ser solamente vinos de la tierra de Castilla. No nos hagamos, todos en el fondo sabemos que cuando hay más de una opción de algo en la vida, de lo que sea, hay una que preferimos sobre la otra o las otras. Este caso no es la excepción y lo tengo más que claro. Solamente hay que esperar que las cosas se terminen por concretar y tener a esa bodega aquí entre nosotros para finales de este 18 o principios del 19. Entenderán que no les daré más pistas hasta que el vino este aquí con nosotros. No vaya a ser…