Elecciones
26 junio, 2018 | por Autor invitado

Por Sofía Orozco Vaca

 

Faltan pocos días para que nos enfrentemos al complicado escenario de las urnas electorales y a lo que vendrá después: decepciones y alegrías para unos y otros, si nos va bien; o plantones, revueltas e impugnaciones, en el peor y menos deseado de los desenlaces.

Casi nada puede causar tanto estrés en la vida adulta como un periodo electoral. No sólo hay que decidir, tomar partido y votar; los meses previos son un agotador y repetitivo despliegue de anuncios, eslóganes, discursitos, canciones y toda clase de ridículos en los que hemos visto resbalar a nuestros próceres en campaña.

También hay que aguantar a los amigos, tanto en redes sociales, como en la vida real: el ambiente electoral puede volverse más tenso que el que ocurre cuando las barras antagónicas de dos equipos de fútbol se encuentran. Gritos, insinuaciones, golpes, insultos y bajas pasiones, pero nada de razón.

“Irle” a un escudo, a un color, a una ideología, o a una nación, así como “no irle” a ninguna, te puede acarrear complicadísimos problemas, malos entendidos, pérdida de amistades, o un terrible agotamiento. La enorme diferencia es que hablando de fútbol, puede haber algo de empatía, reconocimiento de las cualidades del rival, aceptación de los resultados; en cambio, hablando de candidatos, no. Hablando de candidatos y partidos políticos, no hay manera de ponerse de acuerdo; bueno, no hay manera ni de aguantar escuchar hablar de sus bondades, ni de convencer o ser convencidos. Si han estado en esa circunstancia, y me atrevo a asegurar que sí, sabrán que esto pone mal a cualquiera.

 

 

Y si justo hablo de malestar, saturación y agotamiento ¿qué hago yo aquí, dañando este blog dedicado al plácido mundo del vino y anexos con temas electoreros? Pues eso. Vengo a recordar que existen otros mundos posibles. Que existen mesas con suficientes sillas, tiempo para ser gastado, y vino para compartir; y que, al igual que nosotros, hay montones de amigos cansados de hablar del tema.

Si alguien necesita justo un momento de solaz, es quién viene cargando a cuestas los tres debates presidenciales, los de la gubernatura, y hasta los de alcaldes y senadores. Alguien que en cada reunión del fin de semana, e incluso en el medio tiempo del partido de la Selección, ha tenido que escuchar toda clase de argumentos a favor o en contra de unos y de otros, sin poder hacer más que aguantar.

El colmo es que, cuando se piensa que ya llegará el próximo fin de semana para soltar tensiones, relajarse, votar por fin y prepararse para lo que venga  ¡nuestras leyes anacrónicas nos impiden tener libre acceso a una botella de vino, a comprar cerveza, o cualquier bebida que contenga alcohol en algún grado!

Desde el sábado 30 de Junio hasta el domingo 1 de julio, justo cuando más se necesitarán los efectos relajantes, reconstituyentes y de convivencia social de un buen vino, aparece la Ley seca, señoras y señores. Esta medida restrictiva que se supone fue diseñada para evitar desorden en la vía pública y propiciar que uno vaya y ejerza su voto de manera lúcida y consciente, puede derivar en todo lo contrario: llegar con tu proveedor de confianza y encontrarse sorpresivamente con una negativa de esta naturaleza hace perder los estribos a cualquiera.

Sirva pues este pequeño texto como un recordatorio, son días de elecciones y hay que elegir con tiempo lo que vamos a beber el 1 de Julio. El poder es nuestro, el poder comprar con anticipación, al menos.