El anti Bourdain
30 julio, 2018 | por Javier Orozco

¿Ustedes creen que iba a dejar pasar la oportunidad de colgarme de uno de los temas más de moda? Acertaron, claro que no, sólo que mi mal gusto no es tanto y dejé que pasaran algunas semanas para escribir este título. A ver si logro poner claras las ideas para hacer este blog de una manera no tan confusa como en otras ocasiones.

Hace ya bastantes añitos estuve muy entusiasmado con la lectura de Ernest Hemingway y justo por esas épocas adquirí también gusto por conocer y tomar algo en aquellos bares míticos e históricos que cuentan con décadas y en muchas ocasiones hasta siglos de vida, los hay en muchas ciudades y países y de muchos tipos y conceptos, por lo que casi casi se dio sólo atar las dos aficiones e intentar, hasta donde fuera posible, hacer un peregrinaje por todos aquellos lugares que el mencionado escritor hizo famosos en sus andares por el mundo del gusto por el alcohol y la comida.

 

Entonces, ¿qué tiene que ver el título con el escrito? Independientemente de si ustedes son de aquellos sabios y cultos líderes de opinión y ya sabían del chef en cuestión, de sus libros y shows de TV desde hace mucho tiempo, o si fueron de los advenedizos que llegaron después, saben perfectamente que los diferentes programas que tuvo Bourdain se trataban de todos aquellos lugares conocidos, las personas y las experiencias compartidas en torno a mesas y bebidas.

Nuevamente, ¿qué tiene que ver el título con esto? Pues que la famosa aventura que emprendí, a mi manera, buscando los lugares del escritor ha resultado mucho más una serie de reveses que de logros, lo que lleva a que los lugares, personas y experiencias por compartir son casi nulos y ya verán por qué. No se rían.

 

Café Iruña (y estatua de Ernest Hemingway) en Pamplona, España.

 

Al llegar en Pamplona a aquel Café Iruña, inmortalizado en The Sun Also Rises, éste estaba cerrado por Semana Santa. En París, en el bar del Ritz, por traer tenis, a mis compadres no les fue permitido el acceso, desconozco si a mí sí me hubieran dejado porque yo llegué unos minutos después que ellos y los encontré ya en el regreso. Eso sí, yo no llevaba tenis, por lo que siempre imaginaré que a mí sí me lo hubieran permitido, jeje. De La Coupole creo que ni me acordé, ahí sí no puedo decir nada.

En Cubita la bella he pasado algunas buenas ocasiones por la entrada del hotel Ambos Mundos y ni por aquí me ha pasado meterme al bar o restaurante que también son esenciales entre los peregrinos. Siguiendo con Cuba, yendo a conocer la famosísima Finca el Vigía, que no está nada de cerca, cerrada por ser martes, jaja. La terraza de Cojimar, ni sabía que existía la última vez que fui. Imposible convencer al resto del grupo del viaje de manejar las más de dos horas desde Miami a Key West a conocer la casa y el Sloppy Joes. ¿Ahora les queda claro  por qué el nombre del título? Jajajaja, porque ha habido de todo menos aquellos conocimientos, convivios y alegrías que todo buen show del chef Bourdain debía tener.

 

Para cerrar las letras de hoy quiero comentar algunos puntos que considero importantes. He consultado a alguna persona cuya opinión es básica para estos escritos y me ha dicho que, aunque no sean temas completamente relacionados con el mundo del vino, no sería tan mala idea empezar a incluir dentro de estas letras pequeñas guías con lugares esenciales dentro de algunas ciudades. Yo simplemente prefiero no hacerlo ya que no va con  mi carácter y forma de ser que es mucho más tímida. Lo hice el del día de hoy porque lo considero más que nada un conjunto de anécdotas cómicas. De hecho sigo haciendo este blog porque algunas veces tiene un poco más de likes en la redes que el resto de las publicaciones de SVW.

Y ahora sí, para cerrar, cerrar, tengo que decir que no todo han sido derrotas en el camino de Hemingway, más de alguna buena cena, comida y copas han caído en Botín y Chicote en Madrid, así como coctelería muy varia en el Floridita y Harrys en La Habana y Venecia, respectivamente.