Me gusta pero me asusta

 

Haciendo un completo guiño a la última película de Beto Gómez, tomo prestado su nombre para el blog de esta semana. ¿Por qué me llama tanto la atención este título? Principalmente porque en el mundo de la importación de productos enológicos uno se enfrenta a comentarios que, si bien no son exactamente la mencionada frase que da título al blog, sí a bastantes que quieren decir lo mismo de mejor o peor forma.

 

Tanto las personas que viajan de manera real o virtual por tiendas o páginas web de aquellos grandes países productores de vino como Francia, España, Italia o Estados Unidos, sólo por mencionar a algunos, y ni qué decir a los que son originarios de ellos y que viven acá, les parece imposible entender esa abismal diferencia entre los precios en los países  de origen y el nuestro. A todos ellos les quiero decir que no los puedo entender mejor, que en verdad es de risa ver cómo los mismos o productos bastantes similares se van tres o cuatro veces arriba en México. Pero ¿qué es lo que pasa? ¿Qué no se supone que nuestro país es moderno y que pertenece a diferentes  organismos importantes reguladores de comercio y economía  como la OMC o la OCDE y que tiene diferentes tipos de tratados comerciales, unos con mayor grado de integración que otros? ¿Acaso no somos líderes en tratados de libre comercio con países y regiones? ¿Qué no tendrían entonces que tener los vinos un precio ligeramente arriba que en su origen y punto?

 

 

¡¡Pues no es cierto!! Resulta que debido a un difícil enramado de barreras arancelarias y no arancelarias los productos llegan de una manera absurdamente cara, en donde es imposible comparar con los precios en el extranjero. Es una verdadera pena darnos cuenta de las grandes oportunidades que se ven y pueden conseguir en el extranjero pero que al pasar por todos los filtros y diferentes pagos relacionados con la importación, todo se vuelve humo y castillos en el aire. Los verdaderos afectados somos los consumidores que tenemos que seguir tomando aquellos milagrosos productos que logran ese punto de equilibrio entre un precio accesible y calidad adecuada, los que obviamente no se dan en maceta y  que no son fáciles de encontrar, cuando podríamos y deberíamos estar todo el tiempo consumiendo vinos, uvas, regiones, etiquetas novedosas e interesantes pero más que nada ¡accesibles!

 

Pero qué se le va a hacer. Termino esta auto-flagelante declaración afirmando que hay que aceptar y querer lo que hay, y los que estamos del otro lado del espejo comprometernos a no parar la búsqueda para lograr traer cada vez más productos que nos gusten pero que no nos asusten.

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